Mindfulness: ¿Lo estoy haciendo bien?
Con la práctica
encontramos señales que nos van indicando el camino y que nos van revelando si
lo estamos haciendo bien, como una atención más estable y serena, la sensación
de estar más a gusto en el propio cuerpo, una mayor intuición y imparcialidad
ante lo que ocurre, una mayor capacidad de conectar con lo que aparece en el
horizonte de nuestra conciencia en el mismo punto de contacto; una mayor
conciencia de la seriedad con que por lo general nos tomamos las cosas
(especialmente en lo que respecta a nuestras identificaciones y a nuestros
apegos) y la aparición de sentimientos espontáneos de bondad, compasión y
alegría por la fortuna ajena. Ahondando en la práctica, la tendencia a prestar
más atención a cuestiones que habitualmente esquivamos y la mayor conciencia
del modo en que nuestros estados mentales afectan a los demás y a nosotros
mismos. También podemos descubrirnos valorando cada vez más el hechizo y la
textura del mundo sensorial y descubrirnos espontáneamente, por último, más
encarnados, más en contacto con nuestra piel y más cómodos en el vehículo de
nuestro cuerpo y en la sensación corporal de que constituimos una totalidad
viva. Éstos son, entre muchos otros, los puntos de referencia que encontraremos
si asumimos, independientemente de que nos guste o no, de que nos sintamos bien
o de que nos sintamos mal, un compromiso vital con la práctica.
Cuando, desde esa
perspectiva, descansamos en la conciencia, estamos haciéndolo bien,
independientemente de que lo que experimentemos sea agradable, desagradable o
neutro. Así pues, si estás aburrido y te das cuenta de ello, estás haciéndolo
bien; si tienes miedo y te das cuenta de ello, estás haciéndolo bien; si estás
confundido y te das cuenta de ello, estás haciéndolo bien y, si estás deprimido
y te das cuenta de ello, también estás haciéndolo bien. Y lo mismo sucede, por
cierto, cuando tus pensamientos giran sin cesar y eres consciente de ellos,
porque en tal caso dejas de verte arrastrado por la agitación y te conviertes
en el conocimiento. Y también estarás haciéndolo bien si, cuando te ves
arrastrado por la agitación, las cavilaciones y las elaboraciones de la mente
pensante, eres consciente de ello en el mismo instante en que sucede.
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