lunes, 24 de junio de 2013

Mindfulness: ¿Lo estoy haciendo bien?

Mindfulness: ¿Lo estoy haciendo bien?


Con la práctica encontramos señales que nos van indicando el camino y que nos van revelando si lo estamos haciendo bien, como una atención más estable y serena, la sensación de estar más a gusto en el propio cuerpo, una mayor intuición y imparcialidad ante lo que ocurre, una mayor capacidad de conectar con lo que aparece en el horizonte de nuestra conciencia en el mismo punto de contacto; una mayor conciencia de la seriedad con que por lo general nos tomamos las cosas (especialmente en lo que respecta a nuestras identificaciones y a nuestros apegos) y la aparición de sentimientos espontáneos de bondad, compasión y alegría por la fortuna ajena. Ahondando en la práctica, la tendencia a prestar más atención a cuestiones que habitualmente esquivamos y la mayor conciencia del modo en que nuestros estados mentales afectan a los demás y a nosotros mismos. También podemos descubrirnos valorando cada vez más el hechizo y la textura del mundo sensorial y descubrirnos espontáneamente, por último, más encarnados, más en contacto con nuestra piel y más cómodos en el vehículo de nuestro cuerpo y en la sensación corporal de que constituimos una totalidad viva. Éstos son, entre muchos otros, los puntos de referencia que encontraremos si asumimos, independientemente de que nos guste o no, de que nos sintamos bien o de que nos sintamos mal, un compromiso vital con la práctica.



Cuando, desde esa perspectiva, descansamos en la conciencia, estamos haciéndolo bien, independientemente de que lo que experimentemos sea agradable, desagradable o neutro. Así pues, si estás aburrido y te das cuenta de ello, estás haciéndolo bien; si tienes miedo y te das cuenta de ello, estás haciéndolo bien; si estás confundido y te das cuenta de ello, estás haciéndolo bien y, si estás deprimido y te das cuenta de ello, también estás haciéndolo bien. Y lo mismo sucede, por cierto, cuando tus pensamientos giran sin cesar y eres consciente de ellos, porque en tal caso dejas de verte arrastrado por la agitación y te conviertes en el conocimiento. Y también estarás haciéndolo bien si, cuando te ves arrastrado por la agitación, las cavilaciones y las elaboraciones de la mente pensante, eres consciente de ello en el mismo instante en que sucede.

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