lunes, 21 de octubre de 2013

El tarot como recurso terapéutico
Uso pragmático de recursos ancestrales


Los juegos de cartas nos acompañan hace miles de años. Éstas, junto con otros sistemas adivinatorios, tales como el I CHING, las RUNAS, los diversos HORÓSCOPOS, no están dispuestas a ceder terreno. ¿Por qué las personas demandan respuestas a mazos de cartas, astronomía antigua, piedritas celtas o palitos chinos? Peor aún: ¿Qué tienen los psicólogos en mente cuando algunos se dedican a reintroducir estos antiguos sistemas supersticiosos en su práctica supuestamente científico-racional? Si pensamos en el pionero, Freud, lo veremos caer en la misma tentación: él no se vale de cartas (como lo hará Jung al valorar el Tarot) pero recurre a otro antiquísimo sistema adivinatorio: LOS SUEÑOS. Estrellas favoritas dentro del universo oracular, espacio sagrado donde se revelaban mensajes de los dioses. De hecho, el escrupuloso Freud, dedica muchas páginas a desligarse de quienes leían en los sueños los mensajes celestiales. Sin embargo, el maestro vienés considera a los sueños verdaderos mensajeros del dios Inconsciente. Pragmáticamente, se vale de ellos como puntos de partida para indagar y producir cortes en el discurso racional y lógico de la vigilia. 

El psicólogo retorna a las técnicas, pero no a las creencias antiguas. Que Freud, Jung, Perls, Yalon, y otros mas, hayan introducido los sueños en la terapia, no los convierte automáticamente en hechiceros ni charlatanes. Lo mismo ocurre con los terapeutas que hoy bucean en antiguas tradiciones a la caza de nuevos recursos. Los narrativos hace poco, nos abrieron los ojos: ¿Por qué nadie antes que ellos tomó demasiado en serio el potencial terapéutico de los rituales y de los documentos escritos? La psicología, inicialmente “cura por la palabra hablada”, se estaba así perdiendo recursos culturales con milenios de eficacia comprobada, tanto para enfermar como para sanar.

Freud y Perls introdujeron la interpretación de los sueños en terapia, sin embargo, transformaron su papel. Ya no sería para ellos correo de mensajes divinos. Perls los transforma en mensajeros existenciales, comprendiendo los sueños como los mensajes de aquellas partes de nuestra persona aún no integradas o reconocidas. 

Del mismo modo, los rituales en terapia narrativa o psicodrama, no buscan lo mismo que en sus orígenes míticos, no pretenden sostener el orden del universo, o invocar lo sagrado, su función ha pasado a ser la de marcar etapas, movilizar recursos emocionales y cognitivos capaces de transformar vidas.
Para recuperar el poder de las cartas (o del I CHING por ejemplo) y entregarlas a la psicoterapia como herramienta de cambio y transformación, deben ser reinterpretadas bajo nueva luz. Cuando el estímulo de una pregunta médica “¿Cómo se siente?” “¿Qué cree que pueda pasar de aquí a un año?” recibe respuestas tan técnicas y disociadas como la misma pregunta, las cartas nos dan una segunda oportunidad de conexión. En primer lugar, podemos decir que, el lenguaje de las cartas, que se comunican con la persona a través de imágenes y símbolos, convoca a lo más primitivo, lúdico y emocional del hombre. Desde la carta que aparece por azar, un símbolo me interpela y fascina. El azar provoca un efecto mágico, el destino mismo parece tener algo que decirme. Por alguna misteriosa razón, el destino pone ante mí esa y no otra carta, ese y no otro mensaje… el mensaje que podemos extraer de ella pasa a revestir un valor cuasi-sagrado. 

De repente, con algo tan simple como “tirar las cartas” nos hallamos con la posibilidad de intervenir en lo más primitivo, motivacional, afectivo, metafórico y existencial de nuestros clientes. Saltando la lógica racional que nos aburre y abruma con sus justificaciones y racionalizaciones chatarra, nos conectamos a un nivel básico, mágico y sagrado. Es la oportunidad para hacer que ese símbolo, reenvíe al cliente en una dirección de crecimiento y salud. 

La ambigüedad del símbolo y el lenguaje metafórico, dan al hombre la oportunidad de proyectar su mundo interno, sus fantasmas, deseos y sueños aún no confesados. Esto es lo que sucede en los test proyectivos. Por tanto, en un mazo de 70 cartas, tenemos 70 láminas proyectivas, 70 estímulos ambiguos, sumados a cientos de metáforas que contiene el texto que explica el significado de cada uno de ellos.

Confrontado con tales metáforas, los clientes pueden ponerse a producir cosas que una pregunta formal no logra sacar a luz. El símbolo les da qué pensar, los moviliza y los transporta a un nivel de discurso que no es el de la lógica racional sino el de las emociones y fantasmas. El concepto de proyección es entonces el que nos da la clave de lectura psicológica de los antiguos métodos adivinatorios, convirtiéndolos así, en herramientas de autodescubrimiento, autoexpresión de intuiciones creativas. 

¿Por qué motivo la gente continúa recurriendo a las predicciones como modo de orientación vital? Sabemos que la cosmología en que se basa el zodíaco tiene que ver con ingenuos mapeos del cielo hechos a partir de observaciones que asocian galaxias lejanas con estrellas debido a que ambas se ven como puntos dentro de lo que parece formar la figura de un toro. Sin embargo, el hombre culto del siglo XXI prefiere eludir al Hubble (telescopio espacial) para saber qué suerte le deparan los astros este fin de semana. 

Ocurre que las predicciones tienen una función positiva. Ellas marcan hitos. Dan a las personas coordenadas firmes. Puntos de referencia a partir desde los cuales manejarse para conjurar la angustia y el sinsentido de la existencia. Si los astros te dicen “por qué no”, al menos tienes una guía, un punto marcado, un “no” firme para poder actuar usándolo como referencia. La ausencia de coordenadas angustia y desorganiza la acción. La solución a nuestros problemas puede abordarse desde múltiples perspectivas exitosamente. Por eso, las cartas pueden ser útiles para superar estas incertidumbres que paralizan a las personas, mostrándoles por dónde comenzar.

En este sentido, las cartas, en su lenguaje simbólico, marcan puntos de referencia al actuar. Puntos flexibles y adaptables ya que jamás hablan unidireccionalmente. Las cartas nos permiten introducir pequeñas variaciones a los modos de pensar y actuar que sostienen el problema.
¿Qué le queda al terapeuta? Su función principal, aquella que lo distingue de un brujo o astrólogo, es la de encauzar estos mensajes y metáforas en una dirección terapéutica, de acuerdo al encuadre y la conceptualización del caso particular. Por ejemplo, a un terapeuta cognitivo, la hoja de registro y debate de pensamientos, puede fallarle muchas veces debido a que adolece del elemento emocional, experiencial y vivo necesario para el cambio profundo. Una lectura de las cartas en cambio, así como otras técnicas de carácter experiencial antes desdeñadas por los cognitivos pioneros, puede ayudar a un terapeuta entrenado a producir transformaciones profundas. El pensamiento mágico, aún más que el pensamiento lógico, tiene un poder sanador que no podemos menospreciar.


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