viernes, 22 de noviembre de 2013

Talismán

El talismán
Las personas podemos mejorar aspectos externos de nuestras vidas, cambiando actitudes internas de nuestra mente. Si sabemos cómo manejar nuestros estados internos, podemos generar una interacción más fluida con los demás y con el medio que nos rodea.
Los estados internos son como los cimientos de nuestra capacidad (o incapacidad) para relacionarnos con otros e interactuar de forma apropiada en los diversos contextos por los que nos movemos. Un típico ejemplo de cómo nos afectan los estados internos inapropiados, son los temidos “nervios por el examen del próximo lunes”. Estas situaciones personales anulan en gran medida nuestra capacidad para usar de forma efectiva nuestros recursos, obstaculizando el normal acceso a lo que sabemos y hemos aprendido.
Es en esos momentos de nerviosismo cuando más se necesita de algún método eficaz para seleccionar y manejar el estado interno, para poder así producir una intervención valida en el medio.
Para desenvolvernos eficazmente en diversas situaciones y entornos podemos utilizar diversas modalidades de estados internos.
La técnica que presento a continuación y que vengo a llamar “El Talismán”, es un procedimiento muy efectivo para ayudar a las personas a manejar sus estados internos de forma más intencional y efectiva. Básicamente consiste en ayudar a identificar, recuperar y enriquecer estados internos de buen rendimiento. Se trata de hacer conscientes los propios indicios internos y externos de un estado de eficiencia y de fijar un vínculo a estos estados para poder acceder más fácilmente a ellos.
- Elige un estado interno que quisieras experimentar más a menudo. (Creatividad, elocuencia, seguridad en ti mismo)
- Identifica alguna ocasión en la que hayas experimentado ese estado plenamente.
- Ahora selecciona una imagen, un objeto, un signo, un color o un gesto que puedas asociar a ese estado.
- “Cargar el talismán”: Cuando estés preparado, observa la imagen, objeto, signo, color, o haz el gesto que has seleccionado en el paso anterior. Ahora asociándote plenamente al estado interno deseado revive la experiencia. Tienes que esforzarte en ver con tus propios ojos, escuchar con tus propios oídos, sentir con tu cuerpo todas las sensaciones, formas de respirar, postura corporal, etc.
- Toma nota de los patrones cognitivos y de comportamiento, tanto evidentes como sutiles asociados con este estado. Centra tu atención dentro de ti y observa cualquier representación interna, cualquier característica de las sensaciones, patrones de respiración, tensión muscular, etc.
- Expande tu experiencia de ese estado amplificando cualquier cualidad sensorial (brillo, profundidad, contraste, volumen, movimiento) asociada con él, incluyendo todas las modalidades de representación (visual, auditiva, movimiento/sensaciones, gusto y olfato)
- Sepárate de ese estado y distrae tu mente por unos momentos.
- Comprueba si tu “Talismán” se ha “cargado”. Al observar la imagen, objeto, signo, color, o hacer el gesto que escogiste, tendrías que acceder al estado interno deseado.
- Repite los pasos anteriores hasta conseguir un acceso limpio y fácil al estado deseado.

- Ahora puedes trasladar  tu “Talismán” a cualquier situación en la que quisieras reproducir ese estado, evoca estas situaciones y utiliza tu Talismán como se ha explicado. 

martes, 22 de octubre de 2013

ENFOQUE CORPORAL

Enfoque corporal
La forma en que un cliente expone sus asuntos es lo que determina el éxito o el fracaso en un proceso terapéutico.

El focusing es básicamente la formalización del proceso que usan los clientes “exitosos” en este proceso. Estos clientes hablan desde su sensación interna y no acerca de ella.
¿Has notado alguna vez cosquilleo en la zona del vientre cuando transitando en coche relativamente rápido, ha habido un súbito cambio de rasante, esa sensación como de estar cayendo, como la que se siente al iniciar el descenso en algunos ascensores?
Es como una indicación del cuerpo de que algo extraño está ocurriendo. En ese instante, la mente no percibe nada, pero el cuerpo “nos dice” de alguna manera  que algo no anda bien, hasta que la mente, medio segundo después comprende que es lo que está ocurriendo.
Algo parecido nos ocurre cuando  el cuerpo siente una especial inquietud por un problema. Esta compleja y poco definida sensación corporal se la denomina la sensación sentida. Una sensación sentida no es una emoción. Nosotros reconocemos emociones. Sabemos cuándo estamos furiosos, o tristes, o contentos. Una sensación sentida es algo que no reconoces al principio, es vaga y visceral; se percibe como llena de sentido, pero sin que conozcamos aún ese sentido. Es una sensación corporal que lleva implícito un determinado significado aun no conocido. Posteriormente se  racionaliza en palabras o imágenes que tratan de definir  esa  vaga sensación corporal.

Este proceso se ha formalizado en una técnica denominada enfoque corporal. Imagina que el cuerpo no es solamente una colección de órganos sino también un acerbo de experiencias, una forma de conocer experiencialmente el mundo que es diferente y separada de la manera en que conocemos a través de nuestra razón. El enfoque corporal es una técnica para aumentar nuestro acceso a la experiencia significativa que vivimos con nuestro cuerpo. ¿Quieres  conocerla?:

Despeja el Espacio: Imagina que cada uno de tus asuntos puede ser identificado y transformado en una hoja de papel, que arrugas hasta hacer una pelota y la lanzas fuera de tu cuerpo, en una papelera imaginaria. Durante la etapa de “Despejar un Espacio”, aíslas, arrebujas y envías fuera de ti cada uno de estos asuntos, hasta que no quede absolutamente ninguno. En este espacio despejado, donde  ya no hay más asuntos pendientes  dentro de  ti, es muy probable que te sientas con un mínimo de estrés y un creciente sentido de relajación.

Escoge Una Preocupación: Ahora escoge algún asunto sobre el cual desees trabajar y que cada parte de tu cuerpo en su totalidad, acepte quedarse con ello durante unos minutos.

Encuentra una Sensación Sentida: A continuación, invitas a la sensación corporal sentida a tomar forma alrededor del asunto específico que has escogido para trabajar. Una sensación sentida es un compuesto combinado de sentimientos que es significativo y que como conjunto está conectado con algún asunto de tu vida. Algunas veces, la sensación sentida está presente en forma instantánea; otras veces necesitas esperar pacientemente mientras aparecen preguntas como la siguiente: ¿Cuál es mi sensación acerca de este asunto?”

Encontrar Un Asidero: (cualidad, palabra o imagen certera) Cuando una sensación sentida ya ha hecho su aparición, avanzas hacia el siguiente paso, “Encontrar un Asidero”. En este paso tú ves si hay una palabra, frase, imagen, cualidad o sonido que simbolice con precisión todo el sentido de esta preocupación o. A esto se le llama un asidero. A menudo, contiene palabras acerca de la calidad tal como “pesado”, “estancado”, “duro”, “blando”, “confuso”, “inaprensible”, etc.

Verificando el Asidero: En el quinto paso tú empiezas a verificar si el asidero se ajusta a la sensación sentida (si las palabras se ajustan a la sensación). Este proceso de verificación puede ocurrir sólo en una, o varias ocasiones. Si no encajase en el primer intento, se sigue buscando palabras o imágenes que encajen mejor cada vez, hasta que finalmente la sensación sentida acepte su imagen certera.

Haz Preguntas finales para posibles nuevos ajustes: En el sexto paso se hacen preguntas tentativas a la sensación sentida para ver si ella cambia. Algunas preguntas típicas incluyen: ¿Qué es lo peor de esto?”, “¿Qué se necesita?”, “¿Qué es necesario que pase aquí?, y “¿Qué puedo hacer para facilitar un paso en la dirección correcta en este asunto?”. En cada ocasión debes esperar que la respuesta de la sensación sentida provenga desde tu interior.

El Cambio Sentido: Cada vez que la sensación sentida cambia o se mueve, a dicho movimiento se le llama un cambio sentido. En el último paso tú deberías aceptar cualquier sentido que hayas obtenido. Algunas veces los cambios resultan ser visiones o imágenes más completas con una clara sensación de liberación corporal. Otras veces los cambios son más sutiles. No obstante, la mayoría de la gente se ha dado cuenta que al sólo pasar tiempo en esta amigable forma con un asunto o preocupación, se crea un proceso sanador, aún cuando no se vean respuestas inmediatas a corto plazo.
El cambio ocurre cuando podemos sentir más en nuestros cuerpos de lo que podemos solamente entender por medio del conocimiento racional.

La técnica de Focusing ha sido aplicada en muchas áreas incluyendo medicina, educación, ámbito laboral, escritura creativa, espiritualidad, etc. En cualquier contexto puede ser útil para ayudar a la gente a adquirir más poder personal, obtener más intuición y autoexploración así como para reducir la ansiedad. También crea bienestar, ayuda en la resolución de problemas, en la toma de decisiones, aumenta la creatividad y tiene un notable efecto autosanador y liberador. De hecho, puede ser usado en cualquier momento en la vida diaria que queramos atender a una sensación corporal en una situación determinada. Además de entender de otra manera más profunda la complejidad del modo en que nos relacionamos con esa situación, con los otros y con nosotros mismos.

Es posible aprender Focusing en grupo o con un guía experimentado. En una relación de compañía de Focusing, dos o más personas se reúnen generalmente una vez a la semana, frente a frente, on line, o por teléfono. Se toman 20 o 30 minutos para enfocarse, mientras que la otra persona actúa como un oyente o acompañante y facilitador. La mayoría de la gente escoge trabajar en lo que sea que sean sus mayores preocupaciones, ya sean de trabajo, de pareja, existenciales, etc.


Un aspecto interesante de esta relación de compañía mutua es que el oyente no ofrece consejo, comentarios ni opiniones. Un facilitador que escucha, que no juzga y que no se entromete, permite al hablante profundizar más que cuando alguien le está dando consejos o lo está dirigiendo.

lunes, 21 de octubre de 2013

El tarot como recurso terapéutico
Uso pragmático de recursos ancestrales


Los juegos de cartas nos acompañan hace miles de años. Éstas, junto con otros sistemas adivinatorios, tales como el I CHING, las RUNAS, los diversos HORÓSCOPOS, no están dispuestas a ceder terreno. ¿Por qué las personas demandan respuestas a mazos de cartas, astronomía antigua, piedritas celtas o palitos chinos? Peor aún: ¿Qué tienen los psicólogos en mente cuando algunos se dedican a reintroducir estos antiguos sistemas supersticiosos en su práctica supuestamente científico-racional? Si pensamos en el pionero, Freud, lo veremos caer en la misma tentación: él no se vale de cartas (como lo hará Jung al valorar el Tarot) pero recurre a otro antiquísimo sistema adivinatorio: LOS SUEÑOS. Estrellas favoritas dentro del universo oracular, espacio sagrado donde se revelaban mensajes de los dioses. De hecho, el escrupuloso Freud, dedica muchas páginas a desligarse de quienes leían en los sueños los mensajes celestiales. Sin embargo, el maestro vienés considera a los sueños verdaderos mensajeros del dios Inconsciente. Pragmáticamente, se vale de ellos como puntos de partida para indagar y producir cortes en el discurso racional y lógico de la vigilia. 

El psicólogo retorna a las técnicas, pero no a las creencias antiguas. Que Freud, Jung, Perls, Yalon, y otros mas, hayan introducido los sueños en la terapia, no los convierte automáticamente en hechiceros ni charlatanes. Lo mismo ocurre con los terapeutas que hoy bucean en antiguas tradiciones a la caza de nuevos recursos. Los narrativos hace poco, nos abrieron los ojos: ¿Por qué nadie antes que ellos tomó demasiado en serio el potencial terapéutico de los rituales y de los documentos escritos? La psicología, inicialmente “cura por la palabra hablada”, se estaba así perdiendo recursos culturales con milenios de eficacia comprobada, tanto para enfermar como para sanar.

Freud y Perls introdujeron la interpretación de los sueños en terapia, sin embargo, transformaron su papel. Ya no sería para ellos correo de mensajes divinos. Perls los transforma en mensajeros existenciales, comprendiendo los sueños como los mensajes de aquellas partes de nuestra persona aún no integradas o reconocidas. 

Del mismo modo, los rituales en terapia narrativa o psicodrama, no buscan lo mismo que en sus orígenes míticos, no pretenden sostener el orden del universo, o invocar lo sagrado, su función ha pasado a ser la de marcar etapas, movilizar recursos emocionales y cognitivos capaces de transformar vidas.
Para recuperar el poder de las cartas (o del I CHING por ejemplo) y entregarlas a la psicoterapia como herramienta de cambio y transformación, deben ser reinterpretadas bajo nueva luz. Cuando el estímulo de una pregunta médica “¿Cómo se siente?” “¿Qué cree que pueda pasar de aquí a un año?” recibe respuestas tan técnicas y disociadas como la misma pregunta, las cartas nos dan una segunda oportunidad de conexión. En primer lugar, podemos decir que, el lenguaje de las cartas, que se comunican con la persona a través de imágenes y símbolos, convoca a lo más primitivo, lúdico y emocional del hombre. Desde la carta que aparece por azar, un símbolo me interpela y fascina. El azar provoca un efecto mágico, el destino mismo parece tener algo que decirme. Por alguna misteriosa razón, el destino pone ante mí esa y no otra carta, ese y no otro mensaje… el mensaje que podemos extraer de ella pasa a revestir un valor cuasi-sagrado. 

De repente, con algo tan simple como “tirar las cartas” nos hallamos con la posibilidad de intervenir en lo más primitivo, motivacional, afectivo, metafórico y existencial de nuestros clientes. Saltando la lógica racional que nos aburre y abruma con sus justificaciones y racionalizaciones chatarra, nos conectamos a un nivel básico, mágico y sagrado. Es la oportunidad para hacer que ese símbolo, reenvíe al cliente en una dirección de crecimiento y salud. 

La ambigüedad del símbolo y el lenguaje metafórico, dan al hombre la oportunidad de proyectar su mundo interno, sus fantasmas, deseos y sueños aún no confesados. Esto es lo que sucede en los test proyectivos. Por tanto, en un mazo de 70 cartas, tenemos 70 láminas proyectivas, 70 estímulos ambiguos, sumados a cientos de metáforas que contiene el texto que explica el significado de cada uno de ellos.

Confrontado con tales metáforas, los clientes pueden ponerse a producir cosas que una pregunta formal no logra sacar a luz. El símbolo les da qué pensar, los moviliza y los transporta a un nivel de discurso que no es el de la lógica racional sino el de las emociones y fantasmas. El concepto de proyección es entonces el que nos da la clave de lectura psicológica de los antiguos métodos adivinatorios, convirtiéndolos así, en herramientas de autodescubrimiento, autoexpresión de intuiciones creativas. 

¿Por qué motivo la gente continúa recurriendo a las predicciones como modo de orientación vital? Sabemos que la cosmología en que se basa el zodíaco tiene que ver con ingenuos mapeos del cielo hechos a partir de observaciones que asocian galaxias lejanas con estrellas debido a que ambas se ven como puntos dentro de lo que parece formar la figura de un toro. Sin embargo, el hombre culto del siglo XXI prefiere eludir al Hubble (telescopio espacial) para saber qué suerte le deparan los astros este fin de semana. 

Ocurre que las predicciones tienen una función positiva. Ellas marcan hitos. Dan a las personas coordenadas firmes. Puntos de referencia a partir desde los cuales manejarse para conjurar la angustia y el sinsentido de la existencia. Si los astros te dicen “por qué no”, al menos tienes una guía, un punto marcado, un “no” firme para poder actuar usándolo como referencia. La ausencia de coordenadas angustia y desorganiza la acción. La solución a nuestros problemas puede abordarse desde múltiples perspectivas exitosamente. Por eso, las cartas pueden ser útiles para superar estas incertidumbres que paralizan a las personas, mostrándoles por dónde comenzar.

En este sentido, las cartas, en su lenguaje simbólico, marcan puntos de referencia al actuar. Puntos flexibles y adaptables ya que jamás hablan unidireccionalmente. Las cartas nos permiten introducir pequeñas variaciones a los modos de pensar y actuar que sostienen el problema.
¿Qué le queda al terapeuta? Su función principal, aquella que lo distingue de un brujo o astrólogo, es la de encauzar estos mensajes y metáforas en una dirección terapéutica, de acuerdo al encuadre y la conceptualización del caso particular. Por ejemplo, a un terapeuta cognitivo, la hoja de registro y debate de pensamientos, puede fallarle muchas veces debido a que adolece del elemento emocional, experiencial y vivo necesario para el cambio profundo. Una lectura de las cartas en cambio, así como otras técnicas de carácter experiencial antes desdeñadas por los cognitivos pioneros, puede ayudar a un terapeuta entrenado a producir transformaciones profundas. El pensamiento mágico, aún más que el pensamiento lógico, tiene un poder sanador que no podemos menospreciar.


La Pirámide del Éxito

John Wooden entrenó durante 27 años al equipo de baloncesto de la Universidad de California en Los Ángeles, U.C.L.A. En los últimos 12 años ganó 10 campeonatos y conserva todavía el récord mundial de victorias consecutivas: 88 partidos ganados en 4 temporadas. Es además la única persona que aparece en el Salón de la Fama del basketball americano como jugador y como entrenador.


Para el mundo del coaching, John Wooden es conocido por su Pirámide del éxito. John Wooden sitúa el nacimiento de la pirámide en unas palabras enunciadas por uno de sus profesores de bachillerato: el éxito no es necesariamente la acumulación de posesiones materiales, o una posición de prestigio, o de poder. Varios años más tarde, J. Wooden crea la Pirámide del Éxito situando en su cúspide su propia definición del éxito:
El éxito es la paz mental que nace como resultado natural de la íntima satisfacción lograda al saber que uno hizo lo mejor que pudo para convertirse en lo mejor que uno es capaz de ser.
John Wooden considera que la pirámide es una base de trabajo sobre la que cualquier persona, en cualquier actividad, puede desarrollar un proceso encaminado al éxito. En otras palabras, se debe enfocar la Pirámide no como una herramienta, sino como un proceso de coaching que comienza por “crear” una base sólida sobre la cual se van añadiendo una serie de conceptos que culminan con el éxito.

Veamos cuáles son las diferentes partes de esta pirámide y el significado que John Wooden atribuía a cada una de ellas:

LA BASE O PRIMERA LÍNEA DE  BLOQUES
INDUSTRIOUSNESS
Laboriosidad, entendida como aplicación y dedicación al trabajo.
ENTHUSIASM
Entusiasmo.
Para John Wooden, nada sustituye al trabajo. Y para que el trabajo esté hecho de la mejor de las maneras es indispensable el entusiasmo.
Aunque la dedicación al trabajo puede ser compartida con el resto del equipo, estas dos primeras nociones dependen exclusivamente del individuo.
FRIENDSHIP
Amistad.
LOYALTY
Lealtad. Hacia nosotros mismos y hacia los demás, hacia nuestros principios, etc…
COOPERATION
Colaboración.
A nivel de equipo, la Laboriosidad y el Entusiasmo necesitan apoyarse en la Amistad, la Lealtad y la Colaboración.

SEGUNDA LÍNEA DE BLOQUES
SELF-CONTROL
Auto control.
INTENTNESS
Perseverancia.
El segundo bloque comprende dos piedras angulares: el Auto-control y la Perseverancia. Sin un estricto auto-control interior de las emociones, toda la construcción peligra. Mantener las emociones bajo control no significa inhibirlas o ignorarlas. Recordemos que las emociones son indicadores de que algo ha sucedido o está sucediendo y que la persona que las siente decide cómo actuar frente a ellas. En cuanto a la perseverancia, John Wooden recuerda que es ella la que nos permite alcanzar un objetivo sin prestar atención a los cantos de sirenas que, si bien es cierto nos procuran una satisfacción inmediata, nos alejan inevitablemente de dicho objetivo.
ALERTNESS
Vigilancia.
INITIATIVE
Iniciativa.
La perseverancia no está reñida con la vigilancia. Ser cabezota no es lo mismo que ser perseverante: el primero, obstinado (y a veces obsesionado) con su tarea, se revela incapaz de prestar atención a otros factores que puedan influir en su labor. John Wooden subraya la importancia de asociar la perseverancia con la vigilancia, que es la que nos permite reconocer nuevas oportunidades.
De la misma manera que la perseverancia no está reñida con la vigilancia, el auto-control no debe cerrar las puertas a la iniciativa. De nada sirve si la perseverancia y la vigilancia detectan nuevas oportunidades pero estas no se “utilizan”.

TERCERA LÍNEA DE BLOQUES
CONDITION
John Wooden entiende por Condición, tanto la preparación física, como la mental e incluso la espiritual. Para Wooden era imposible estar físicamente en condiciones si no se estaba mentalmente preparado y esto implicaba una “moralidad” en buena forma.
SKILL
La Destreza implica el conocimiento, la capacidad de utilizar este conocimiento, la rapidez con que se utiliza así como saber cuándo utilizar este conocimiento.
TEAM-SPIRIT
El respeto hacia los demás miembros del equipo es indispensable para alcanzar el éxito. Ello no significa llevarse bien con los demás, sino aceptar la imperiosa necesidad de colaborar con los demás para conseguir algo que de manera individual sería imposible (noción de sacrificio).

CUARTA LÍNEA DE BLOQUES
POISE
Serenidad, temple, equilibrio.
CONFIDENCE
Al entender John Wooden Confianza como la seguridad que tiene uno en sí mismo, así como dicho de una persona en quien se puede confiar (de confianza) quizás sería más esclarecedor utilizar el término RELIABILITY (Fiabilidad).
Sólo cuando se ha realizado un trabajo personal y en profundidad sobre la Destreza, la Condición y el Espíritu de equipo pueden surgir la Fiabilidad y el Temple. Estas dos últimas nociones pueden entenderse como la imagen que transmite el individuo hacia sus compañeros de equipo.

LA CÚSPIDE
COMPETITIVE.GREATNESS
La Grandeza competitiva quizás deba ser entendida como  Espíritu de superación, afán de superarse. Tanto en la competición deportiva como en la profesional, ha quedado demostrado que los mejores resultados se obtienen cuando las personas focalizan sus esfuerzos en superar sus propios límites. Este es el camino que sugiere John Wooden para llegar al éxito. Las diferentes piedras que constituyen esta Pirámide del éxito se apoyan las unas sobre las otras, lo que significa que la debilidad o ausencia de una de ellas pone en serio peligro toda la estructura. Para reforzar la construcción, John Wooden utiliza como cemento:

……………………….FAITH.Fe.(en.el.sentido.de.creer.en.lo.que.se.hace).PATIENCE.Paciencia.                                                                          ………………………..Conseguir un objetivo requiere creer que es posible conseguirlo y… paciencia.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Sócrates: Ironía y Mayéutica

Ironía y mayéutica
El método de la conversación de Sócrates tenía dos momentos: la ironía y la mayéutica (mayéutica significa el arte de la comadrona, de ayudar a dar a luz). Con la ironía se opone a la opinión infundada y a la arrogancia de la conciencia dogmática que cree poseer la verdad. Consistía en hacer preguntas que, bajo la apariencia de tener en alta estima el saber exhibido por el interlocutor, mostraban, en realidad, la inconsistencia del mismo y ponían al interlocutor en la tesitura de tener que reconocer su ignorancia. Con la ironía, Sócrates intentaba minar el obstáculo para la verdad que representa la seguridad con que el hombre común se apoya en las ideas triviales. A esta operación se creía con derecho Sócrates, ya que él mismo partía reconociendo su ignorancia.

Es famoso su Sólo sé que no sé nada. Según se cuenta en la Apología de Platón, cuando, preguntado el oráculo sobre quién era el más sabio de los griegos, respondió que Sócrates, Sócrates lo interpretó en este sentido: que él no era arrogante, que él era el único que reconocía su ignorancia. La ironía es lo contrario de lo que hacían los sofistas: éstos cobraban un dinero a cambio del saber que ofrecían; Sócrates no cobraba nada y empezaba por quitarte el saber que creías tener. Sócrates comparaba la sofística con el arte culinario, que busca satisfacer el paladar, pero no se preocupa de las digestiones; mientras que su propio método, en cambio, es como la medicina, que no se cuida de si causa dolores al paciente, con tal de restablecer su salud.


El segundo momento del método es la mayéutica, es decir, el arte de ayudar a dar a luz la verdad. Consiste en conducir la conversación de modo que pueda aflorar la verdad del interior de cada uno, donde estaba latente. El hecho de que la verdad procede de nuestro interior significa que no llegamos a poseer de verdad sino aquellas verdades que producimos en nosotros mismos. Esta verdad que se encuentra en el interior de cada hombre no es relativa a cada uno (Sócrates se opone al relativismo sofístico), sino que es común, es verdad en sí. En la mayéutica se trata precisamente de pasar del “para mí” inicial al “en sí”. Se trata de buscar la definición (la esencia) de lo que se está considerando.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Servicio domiciliario de compañía atencional, escucha activa y coaching personal

Servicio domiciliario de compañía  atencional, escucha activa y coaching personal

El Servicio domiciliario de compañía  atencional, escucha activa y coaching personal, está principalmente dirigida a personas dependientes o con movilidad reducida, como pueden ser ancianos o personas enfermas o convalecientes, aunque también puede solicitar este servicio cualquier persona que disfrute de la comodidad e intimidad de su domicilio y no desee desplazarse, o simplemente por falta de tiempo para ello.

¿Por qué este servicio?

Esta clase de servicio, ofrece un tiempo para pensar de forma ininterrumpida sobre uno mismo y su propia vida en voz alta, se ayuda a desenredar la madeja de las experiencias, sentimientos y expectativas de cada uno, que pueden enmarañar los  pensamientos propios y las relaciones con otros… Cuando a la gente se le ofrece la oportunidad de examinar con detalle su experiencia, se sienten más libres para pensar en planteamientos alternativos, en resolver problemas y en actuar intencionalmente cuando se presentan situaciones difíciles. Se sienten  ayudados para pensar con claridad y aprender de la vivencia.

Mindfulness: El genuino Estado del Bienestar

Observando el mundo, alrededor, al vecino, al amigo, a la pareja… ¿Cómo diríamos que vive la gente?, ¿cómo diríamos que son sus vidas?, ¿son felices?, ¿viven con plenitud la vida? Observándonos a nosotros mismos: ¿Cómo diríamos que vivimos?, ¿cómo diríamos que es nuestra vida?, ¿vivimos una vida de calidad?, ¿una vida plena? Quizá quepa que cada uno se formule las siguientes cuestiones: 

¿Cómo he vivido y cómo vivo actualmente mi vida?, ¿cuál es su calidad?, ¿y su cualidad? ¿Vivimos de un modo pleno, o por el contrario, lo que predomina en la cotidianidad de nuestra vida, es cierta sensación de insatisfacción vital, de que nos falta algo, de que algo va mal? ¿No está marcada esta sensación por el anhelo, el deseo, el miedo y la preocupación constante? ¿No está condicionada por el llegar a ser, llegar a tener, llegar a…?

Imaginemos una balanza. Situemos primero sobre uno de los platos, todas nuestras experiencias y sentimientos de anhelo, miedo, soledad, pena, dolor, desesperación, desdicha, aflicción y angustia; todos nuestros momentos de crisis, de enfermedad, de desasosiego; todas las adversidades y conflictos; incluyamos el malestar, la preocupación, la tensión, la ansiedad, la desesperanza y la incertidumbre, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida, y que experimentemos actualmente. Después, coloquemos sobre el otro plato de la balanza todos los momentos que llamamos de alegría o felicidad, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida y que experimentemos actualmente. Ahora, honestamente, respondámonos a nosotros mismos, ¿hacia dónde se inclina la balanza?

¿Acaso no ha de estar irremediablemente relacionada la manera en la que vivimos en el mundo con el instrumento que utilizamos para vivir en el mundo? ¿Acaso no ha de estar relacionada con las “gafas” a través de las cuales vemos el mundo y filtramos la realidad? ¿Acaso no ha de estar relacionada con el funcionamiento de nuestra mente, de nuestro pensamiento? ¿No sería, por tanto, ineludible plantearnos cómo funciona este instrumento?, ¿cómo funciona la mente?, ¿cómo funciona el pensamiento? Tomémonos un minuto e intentemos responder a lo siguiente: ¿cuál es el estado “ordinario” de la mente de la mayoría de los seres humanos?, ¿cuál es el estado psicológico en el que nos encontramos la mayor parte del tiempo? Si nos resulta difícil responder, podemos plantearnos las preguntas de este modo: ¿cuál es el estado ordinario de mi mente?, ¿cuál es el estado psicológico en el que me encuentro la mayor parte del tiempo?, ¿qué es lo que suele hacer mi mente, mi pensamiento? Por favor, detengámonos un minuto, formulemos estas cuestiones, intentemos responderlas.

Tales  cuestiones  deberían ser ineludibles para todas las personas, sin embargo, nos percatamos de que a duras penas podemos responder, y no podemos responder porque requiere de una habilidad: la habilidad de observar; observar de un modo especial. De una manera que no hemos aprendido, que no hemos practicado, que nos resulta casi, o completamente ajena. Mindfulness representa un modo especial de ver, un modo especial de observar.

La mayoría de la gente está tan completamente identificada con la voz de su cabeza, ese torrente incesante de pensamiento involuntario y compulsivo y las emociones que lo acompañan que podríamos describirla como poseída por su mente. Cuando eres completamente inconsciente de esto, crees que el pensador eres tú. Eso es la mente “egótica”. La llamamos “egótica” porque hay un sentido del yo (ego) en cada pensamiento, en cada recuerdo, interpretación, opinión, punto de  vista,  reacción,  emoción. En términos espirituales, esto es la inconsciencia.
La mente es una herramienta perfecta si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa incorrectamente se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: generalmente no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Esa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. La herramienta se ha apoderado de ti.

Si observamos muy detenidamente nuestra mente, el movimiento de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, como a través de un microscopio, de un modo muy profundo, radical, meditativo, podríamos describirlo así: el pensamiento parece estar siempre presente, nunca ausente (incluso cuando dormimos); parece ser incontrolable; suele estar divagando en el pasado o en el futuro, casi nunca está en el presente, en el aquí y en el ahora; se mueve en el terreno de lo conocido, de la memoria, del pasado; gran parte del tiempo está en lucha constante rechazando lo que es e intentando cambiarlo; también es temeroso, se dedica a prevenir posibles males futuros protegiéndose; se da continuidad a sí mismo; se dedica a fantasear, proyectando imágenes, situaciones e ideas; se mueve obedeciendo un principio hedonista (se aproxima hacia lo que le proporciona seguridad, hacia lo que le resulta agradable y, se aleja o evita aquello que le produce temor o le resulta desagradable); está, en parte, controlado por las circunstancias (especialmente las negativas); se relaciona con las emociones y con el cuerpo de forma bidireccional; el contenido o significado literal del pensamiento influye notablemente en la psicología de la persona; es relacional y arbitrario; la función de los estímulos puede transferirse a otros y/o transformarse; está sometido al control estimular ejercido por ciertas claves contextuales (internas: como un pensamiento, un recuerdo, una sensación; y externas: como ver un estímulo visual u oír un ruido); puede ser reaccionario, respondiente, automático; presenta un fuerte componente de control; suele actuar según ciertos hábitos tales como la queja, la agresividad, la impaciencia, la búsqueda de reconocimiento, las justificaciones, etc.; es fragmentario, divisorio, sectario; por lo que, no es holístico, no puede acaparar la realidad en su totalidad; puede ser repetitivo, obsesivo, valorativo, rumiativo, comparativo, condenatorio, recriminatorio, neurótico, etc., generando con ello gran sufrimiento.

El estado de la mente ordinaria engendra sufrimiento. La mente es conflictiva, voraz, insatisfecha. Su signo es el de la confusión. Es inestable, confusa. A menudo es víctima de sus propias contradicciones, su ofuscación, su avidez y su aversión. Está empeñada por la ignorancia, la división. Ha recreado durante años una enrarecida atmósfera de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. En ella arraigan venenos como el odio, los celos, la envidia y tantos otros. No es una mente bella. A veces hemos hecho de nuestra mente un verdadero estercolero. Limpiamos minuciosamente el cuerpo, pero tenemos la mente en el abandono. Una mente confusa genera confusión; una mente agresiva produce agresividad. Si la mente es el fundamento de todo, como acertadamente declaraba Buda, según sea la calidad de la mente así será lo que resulte de ella.

En una mente competitiva, ofuscada, condicionada por un estado de insatisfacción, no puede haber compasión. Una mente así ni siquiera puede cooperar provechosamente. Es una mente que se debate en su propia zozobra. Tal es la mente propia de la mayoría de los seres humanos. Una mente en desorden, sin frescura, sin inocencia, sin vitalidad. Una mente así crea desamor, hostilidad, confusión sobre la confusión y ansiedad sobre la ansiedad. Asentada sobre sus condicionamientos limitadores, salpicada de contaminaciones, estrecha por hábitos coagulados, llena de obstrucciones, etc., una mente tal carece de claridad, de apertura, de provechosa creatividad. Los enfoques que se derivan de una mente en tales condiciones tienen que ser forzosamente erróneos y perjudiciales. Este tipo de mente es nociva para uno mismo y para los demás, genera violencia sin límite, y desde luego, es inservible para la real búsqueda interior y la evolución consciente.

Otro punto capital es el hábito de reaccionar automatizado de la mente. La mente está siempre reaccionando: captura un estímulo (P.E. un agravio, un recuerdo desagradable) y responde (P.E. ofendiendo, intentando eliminarlo). Parece no haber espacio en medio; entre el estímulo y la respuesta. En ese reaccionar no hay consciencia, no hay discriminación del proceso entre las relaciones conducta-conducta (entre pensar, sentir y hacer; establecidas arbitrariamente en la historia de la persona). En cierto sentido, hay esclavitud. Es como una marioneta controlada por los hilos de los pensamientos y por los hilos de las emociones. Simplemente: observémonos a nosotros mismos. Mindfulness implica ver el proceso, ser consciente de él; practicar mindfulness es generar un espacio entre los estímulos (externos e internos) y las respuestas (externas e internas), creando entre ambos un tiempo para responder más adecuadamente, más habilidosamente, aportando con ello cierta libertad. Mindfulness es cortar los hilos que controlan los movimientos de la marioneta. Implica hacer una brecha, un hueco, un espacio. Haciendo una comparación, nuestro modo de estar en la vida (nuestro estado ordinario) es como si tuviésemos conectado el “piloto automático”; como si no fuésemos conscientes de lo que nos ocurre realmente, como si estuviésemos dormidos, hipnotizados. No hay nadie observando; sólo el animal (“racional”) reaccionando.

Mindfulness genera autoconocimiento en torno a este proceso, produciendo habilidades y conductas para neutralizarlo y responder de un modo más efectivo. A través de la práctica de mindfulness se desarrolla la habilidad de permanecer presentes con una ecuanimidad inalterable ante toda experiencia o estimulación (tanto agradable como desagradable, de origen interno como externo), por lo que la mente deja de responder con avidez y aversión, permaneciendo inmóvil, atenta, calma y serena. Se trata de entrenarnos en diferenciarnos de nuestros pensamientos y emociones, de no dejarnos arrastrar por ellos, de dejar de reaccionar; se trata de permitirnos simplemente estar, simplemente ser.

¿Es posible un estado en el que la mente no esté reaccionando continuamente? ¿Puede la mente dejar de reaccionar? ¿Puede cesar la voz que habla sin parar? ¿Puede haber sólo silencio? ¿Es posible un estado mental caracterizado por la serenidad, la calma, la tranquilidad…, por la paz? ¿Puede la mente dejar de viajar al pasado y al futuro? ¿Puede la mente permanecer en el aquí y en el ahora? ¿Puede dejar de moverse? ¿Puede estarse quieta? ¿Puede permanecer inmóvil?

Si practicamos ahora mismo, durante un par de minutos, alguna de las técnicas mindfulness, nos percataremos de que nos resulta imposible mantener nuestra atención de manera continuada en el objeto de la meditación más allá de unos pocos segundos. La atención se desvía hacia, o es capturada por, pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones corporales, etc., rápida y constantemente. En general, la mayoría de los participantes determinados a seguir esta instrucción durante periodos de diez minutos, apenas mantuvieron la atención en el objeto de la meditación unos cuantos segundos de manera ininterrumpida. La mayoría de los participantes informan que su atención se desvía más de veinte, treinta, cuarenta veces, durante periodos de diez minutos, es decir, casi de forma continua. Hay diferentes tipos de estímulos o contenidos que capturaban la atención. El primero de ellos fue el pensamiento (incluyendo también a los recuerdos e ideas); después las emociones (incluyendo a los sentimientos); seguido de las “imágenes mentales” y; por último, por otros estímulos (como por ejemplo ruidos).

Mindfulness es una habilidad, por tanto, es susceptible de ser aprendida, entrenada. Podría decirse que al principio de la práctica, la atención pasa muy poco tiempo focalizada en el objeto de la meditación (P.E. la respiración) antes de ser capturada por algún estímulo; y, por el contrario, transcurre mucho tiempo hasta que nos percatamos de que nuestra atención se ha desviado. Con la práctica los tiempos se invierten. Es decir, cuanto más practiquemos, la atención permanecerá más y más tiempo concentrada sobre la respiración; y, simultáneamente, cada vez tardaremos menos en darnos cuenta de que la atención se había desviado. Con una práctica continuada nos resultará posible mantener la atención focalizada en la respiración de manera constante, durante más y más tiempo.
Esto, en sí mismo, ya es meditación; es un estado meditativo; se producen cambios, experiencias, comprensiones súbitas o insights, en ocasiones muy significativas, que son experimentadas por el meditador.

La práctica de mindfulness es observar sin juzgar ni juzgarnos. Dicho de otro modo, permanecer en un estado donde no se esté reaccionando continuamente, incluyendo especialmente, la elaboración de juicios valorativos, recriminatorios y condenatorios, normalmente hacia nosotros mismos y hacia nuestras experiencias. La meditación o mindfulness requiere de entrenamiento. Es como desarrollar un músculo. Un músculo que nunca, o casi nunca hemos utilizado, por lo que está raquítico o simplemente no se ha desarrollado. Es como el niño que aprende a caminar. Nunca utilizó los músculos de sus piernas. Al principio, durante algún tiempo, el niño mueve las piernas. Más tarde se arrastra. Luego, gatea a cuatro patas. Practica durante semanas, durante meses. Cuando los músculos se han desarrollado intenta erguirse, ponerse en pie, pero se cae constante y rápidamente. Él lo intenta sin cesar, una y otra vez, una y otra vez… Cuando logra al fin levantarse, permanece muy poco tiempo en posición bípeda antes de caer. Más tarde, consigue dar un pasito y se cae. Continúa practicando, una y otra vez, una y otra vez. Luego logra dar dos pasitos y medio antes de caerse. Luego tres. Con el tiempo, cinco. Hasta que logra recorrer algunos metros. Al principio se va apoyando en todo lo que encuentra a su paso. Con el tiempo consigue desplazarse con facilidad. Practicando desarrollará músculos fuertes en sus piernas y otras habilidades como el mantenimiento del equilibrio, la orientación, etc., y podrá caminar, incluso correr, saltar, bailar, etc. Entrenarse en mindfulness es como aprender a caminar, requiere de entrenamiento y práctica constante.

El sufrimiento es propio de la condición humana y esto es una experiencia compartida por todos los miembros de nuestra especie, a través de las diferentes culturas, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Así pues, el principal objetivo de la meditación mindfulness es contribuir al alivio de ese sufrimiento.

Por otra parte, las investigaciones en torno a la meditación llevadas a cabo en todo el mundo por científicos de varias ramas de la ciencia durante más de veinte años, aportan sólidas y diversas evidencias relativas a los efectos de la meditación sobre la salud de los seres humanos, si echamos un vistazo a los conocimientos neurobiológicos actuales, veremos que practicando habitualmente meditación, producimos cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cruciales de nuestro cerebro, modificaciones que, siguiendo más allá de la actividad concreta que los incitó, acaban modificando muchos de nuestros comportamientos y de nuestras formas de reacción y terminan reproduciéndose sobre nuestra experiencia vital y sobre nuestra relación con el medio.                                    



Efectos de la meditación sobre la salud:







La meditación produce mejorías en:



- tartamudeo
- insomnio
-eyaculación precoz y retardada 
-variabilidad tasa cardíaca 
- asma
- variables fisiológicas de la edad (proceso de envejecimiento)

La meditación aumenta:

- plasma prolactina
- hormona del crecimiento
- Riego sanguíneo cerebral
-Resistencia dérmica
- Riego sanguíneo antebrazo izq.
- temperatura distal

La meditación produce cambios en:
- Metabolismo

La meditación disminuye:
- inflamación
-dolor crónico
-Presión sanguínea/tasa cardíaca
-Isquemia miocardio
- cortisol basal y medial (hormona relacionada con el estrés)
-abuso de sustancias/adicciones
- consumo de alcohol
-miedo al hablar en público

La meditación favorece:
- cuidados paliativos
- convalecencia en cáncer

La meditación compensa:
- efecto del estrés sobre el sistema inmunológico



Resumiendo, la investigación científica ha comprobado cambios neurofisiológicos durante la práctica de la meditación. El consumo de oxígeno y la proporción metabólica de desgaste se reducen considerablemente, indicando un estado de descanso profundo. El ritmo respiratorio disminuye considerablemente, con lo que se revela mayor relajación del sistema nervioso. La resistencia cutánea aumenta, indicando un reposo profundo, reducción de la ansiedad y de los trastornos emocionales. Acelera el tiempo de reacción, señalando mayor estado de alerta, mejor coordinación de la mente y el cuerpo y mayor percepción. El ritmo cardíaco disminuye. Se estabiliza el sistema nervioso, cómo lo demuestran estudios de la respuesta galvánica de la piel, conservándose esta estabilidad aun después de meditar… en fin podaríamos llenar páginas enteras con gran cantidad de estudios y sus conclusiones acerca de los beneficios de ésta práctica, pero consideramos que con esta introducción el tema ha sido expuesto en toda su amplitud, ahora solo queda… practicar.