lunes, 23 de septiembre de 2013

Sócrates: Ironía y Mayéutica

Ironía y mayéutica
El método de la conversación de Sócrates tenía dos momentos: la ironía y la mayéutica (mayéutica significa el arte de la comadrona, de ayudar a dar a luz). Con la ironía se opone a la opinión infundada y a la arrogancia de la conciencia dogmática que cree poseer la verdad. Consistía en hacer preguntas que, bajo la apariencia de tener en alta estima el saber exhibido por el interlocutor, mostraban, en realidad, la inconsistencia del mismo y ponían al interlocutor en la tesitura de tener que reconocer su ignorancia. Con la ironía, Sócrates intentaba minar el obstáculo para la verdad que representa la seguridad con que el hombre común se apoya en las ideas triviales. A esta operación se creía con derecho Sócrates, ya que él mismo partía reconociendo su ignorancia.

Es famoso su Sólo sé que no sé nada. Según se cuenta en la Apología de Platón, cuando, preguntado el oráculo sobre quién era el más sabio de los griegos, respondió que Sócrates, Sócrates lo interpretó en este sentido: que él no era arrogante, que él era el único que reconocía su ignorancia. La ironía es lo contrario de lo que hacían los sofistas: éstos cobraban un dinero a cambio del saber que ofrecían; Sócrates no cobraba nada y empezaba por quitarte el saber que creías tener. Sócrates comparaba la sofística con el arte culinario, que busca satisfacer el paladar, pero no se preocupa de las digestiones; mientras que su propio método, en cambio, es como la medicina, que no se cuida de si causa dolores al paciente, con tal de restablecer su salud.


El segundo momento del método es la mayéutica, es decir, el arte de ayudar a dar a luz la verdad. Consiste en conducir la conversación de modo que pueda aflorar la verdad del interior de cada uno, donde estaba latente. El hecho de que la verdad procede de nuestro interior significa que no llegamos a poseer de verdad sino aquellas verdades que producimos en nosotros mismos. Esta verdad que se encuentra en el interior de cada hombre no es relativa a cada uno (Sócrates se opone al relativismo sofístico), sino que es común, es verdad en sí. En la mayéutica se trata precisamente de pasar del “para mí” inicial al “en sí”. Se trata de buscar la definición (la esencia) de lo que se está considerando.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Servicio domiciliario de compañía atencional, escucha activa y coaching personal

Servicio domiciliario de compañía  atencional, escucha activa y coaching personal

El Servicio domiciliario de compañía  atencional, escucha activa y coaching personal, está principalmente dirigida a personas dependientes o con movilidad reducida, como pueden ser ancianos o personas enfermas o convalecientes, aunque también puede solicitar este servicio cualquier persona que disfrute de la comodidad e intimidad de su domicilio y no desee desplazarse, o simplemente por falta de tiempo para ello.

¿Por qué este servicio?

Esta clase de servicio, ofrece un tiempo para pensar de forma ininterrumpida sobre uno mismo y su propia vida en voz alta, se ayuda a desenredar la madeja de las experiencias, sentimientos y expectativas de cada uno, que pueden enmarañar los  pensamientos propios y las relaciones con otros… Cuando a la gente se le ofrece la oportunidad de examinar con detalle su experiencia, se sienten más libres para pensar en planteamientos alternativos, en resolver problemas y en actuar intencionalmente cuando se presentan situaciones difíciles. Se sienten  ayudados para pensar con claridad y aprender de la vivencia.

Mindfulness: El genuino Estado del Bienestar

Observando el mundo, alrededor, al vecino, al amigo, a la pareja… ¿Cómo diríamos que vive la gente?, ¿cómo diríamos que son sus vidas?, ¿son felices?, ¿viven con plenitud la vida? Observándonos a nosotros mismos: ¿Cómo diríamos que vivimos?, ¿cómo diríamos que es nuestra vida?, ¿vivimos una vida de calidad?, ¿una vida plena? Quizá quepa que cada uno se formule las siguientes cuestiones: 

¿Cómo he vivido y cómo vivo actualmente mi vida?, ¿cuál es su calidad?, ¿y su cualidad? ¿Vivimos de un modo pleno, o por el contrario, lo que predomina en la cotidianidad de nuestra vida, es cierta sensación de insatisfacción vital, de que nos falta algo, de que algo va mal? ¿No está marcada esta sensación por el anhelo, el deseo, el miedo y la preocupación constante? ¿No está condicionada por el llegar a ser, llegar a tener, llegar a…?

Imaginemos una balanza. Situemos primero sobre uno de los platos, todas nuestras experiencias y sentimientos de anhelo, miedo, soledad, pena, dolor, desesperación, desdicha, aflicción y angustia; todos nuestros momentos de crisis, de enfermedad, de desasosiego; todas las adversidades y conflictos; incluyamos el malestar, la preocupación, la tensión, la ansiedad, la desesperanza y la incertidumbre, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida, y que experimentemos actualmente. Después, coloquemos sobre el otro plato de la balanza todos los momentos que llamamos de alegría o felicidad, que hayamos experimentado a lo largo de toda nuestra vida y que experimentemos actualmente. Ahora, honestamente, respondámonos a nosotros mismos, ¿hacia dónde se inclina la balanza?

¿Acaso no ha de estar irremediablemente relacionada la manera en la que vivimos en el mundo con el instrumento que utilizamos para vivir en el mundo? ¿Acaso no ha de estar relacionada con las “gafas” a través de las cuales vemos el mundo y filtramos la realidad? ¿Acaso no ha de estar relacionada con el funcionamiento de nuestra mente, de nuestro pensamiento? ¿No sería, por tanto, ineludible plantearnos cómo funciona este instrumento?, ¿cómo funciona la mente?, ¿cómo funciona el pensamiento? Tomémonos un minuto e intentemos responder a lo siguiente: ¿cuál es el estado “ordinario” de la mente de la mayoría de los seres humanos?, ¿cuál es el estado psicológico en el que nos encontramos la mayor parte del tiempo? Si nos resulta difícil responder, podemos plantearnos las preguntas de este modo: ¿cuál es el estado ordinario de mi mente?, ¿cuál es el estado psicológico en el que me encuentro la mayor parte del tiempo?, ¿qué es lo que suele hacer mi mente, mi pensamiento? Por favor, detengámonos un minuto, formulemos estas cuestiones, intentemos responderlas.

Tales  cuestiones  deberían ser ineludibles para todas las personas, sin embargo, nos percatamos de que a duras penas podemos responder, y no podemos responder porque requiere de una habilidad: la habilidad de observar; observar de un modo especial. De una manera que no hemos aprendido, que no hemos practicado, que nos resulta casi, o completamente ajena. Mindfulness representa un modo especial de ver, un modo especial de observar.

La mayoría de la gente está tan completamente identificada con la voz de su cabeza, ese torrente incesante de pensamiento involuntario y compulsivo y las emociones que lo acompañan que podríamos describirla como poseída por su mente. Cuando eres completamente inconsciente de esto, crees que el pensador eres tú. Eso es la mente “egótica”. La llamamos “egótica” porque hay un sentido del yo (ego) en cada pensamiento, en cada recuerdo, interpretación, opinión, punto de  vista,  reacción,  emoción. En términos espirituales, esto es la inconsciencia.
La mente es una herramienta perfecta si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa incorrectamente se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: generalmente no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Esa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. La herramienta se ha apoderado de ti.

Si observamos muy detenidamente nuestra mente, el movimiento de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, como a través de un microscopio, de un modo muy profundo, radical, meditativo, podríamos describirlo así: el pensamiento parece estar siempre presente, nunca ausente (incluso cuando dormimos); parece ser incontrolable; suele estar divagando en el pasado o en el futuro, casi nunca está en el presente, en el aquí y en el ahora; se mueve en el terreno de lo conocido, de la memoria, del pasado; gran parte del tiempo está en lucha constante rechazando lo que es e intentando cambiarlo; también es temeroso, se dedica a prevenir posibles males futuros protegiéndose; se da continuidad a sí mismo; se dedica a fantasear, proyectando imágenes, situaciones e ideas; se mueve obedeciendo un principio hedonista (se aproxima hacia lo que le proporciona seguridad, hacia lo que le resulta agradable y, se aleja o evita aquello que le produce temor o le resulta desagradable); está, en parte, controlado por las circunstancias (especialmente las negativas); se relaciona con las emociones y con el cuerpo de forma bidireccional; el contenido o significado literal del pensamiento influye notablemente en la psicología de la persona; es relacional y arbitrario; la función de los estímulos puede transferirse a otros y/o transformarse; está sometido al control estimular ejercido por ciertas claves contextuales (internas: como un pensamiento, un recuerdo, una sensación; y externas: como ver un estímulo visual u oír un ruido); puede ser reaccionario, respondiente, automático; presenta un fuerte componente de control; suele actuar según ciertos hábitos tales como la queja, la agresividad, la impaciencia, la búsqueda de reconocimiento, las justificaciones, etc.; es fragmentario, divisorio, sectario; por lo que, no es holístico, no puede acaparar la realidad en su totalidad; puede ser repetitivo, obsesivo, valorativo, rumiativo, comparativo, condenatorio, recriminatorio, neurótico, etc., generando con ello gran sufrimiento.

El estado de la mente ordinaria engendra sufrimiento. La mente es conflictiva, voraz, insatisfecha. Su signo es el de la confusión. Es inestable, confusa. A menudo es víctima de sus propias contradicciones, su ofuscación, su avidez y su aversión. Está empeñada por la ignorancia, la división. Ha recreado durante años una enrarecida atmósfera de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. En ella arraigan venenos como el odio, los celos, la envidia y tantos otros. No es una mente bella. A veces hemos hecho de nuestra mente un verdadero estercolero. Limpiamos minuciosamente el cuerpo, pero tenemos la mente en el abandono. Una mente confusa genera confusión; una mente agresiva produce agresividad. Si la mente es el fundamento de todo, como acertadamente declaraba Buda, según sea la calidad de la mente así será lo que resulte de ella.

En una mente competitiva, ofuscada, condicionada por un estado de insatisfacción, no puede haber compasión. Una mente así ni siquiera puede cooperar provechosamente. Es una mente que se debate en su propia zozobra. Tal es la mente propia de la mayoría de los seres humanos. Una mente en desorden, sin frescura, sin inocencia, sin vitalidad. Una mente así crea desamor, hostilidad, confusión sobre la confusión y ansiedad sobre la ansiedad. Asentada sobre sus condicionamientos limitadores, salpicada de contaminaciones, estrecha por hábitos coagulados, llena de obstrucciones, etc., una mente tal carece de claridad, de apertura, de provechosa creatividad. Los enfoques que se derivan de una mente en tales condiciones tienen que ser forzosamente erróneos y perjudiciales. Este tipo de mente es nociva para uno mismo y para los demás, genera violencia sin límite, y desde luego, es inservible para la real búsqueda interior y la evolución consciente.

Otro punto capital es el hábito de reaccionar automatizado de la mente. La mente está siempre reaccionando: captura un estímulo (P.E. un agravio, un recuerdo desagradable) y responde (P.E. ofendiendo, intentando eliminarlo). Parece no haber espacio en medio; entre el estímulo y la respuesta. En ese reaccionar no hay consciencia, no hay discriminación del proceso entre las relaciones conducta-conducta (entre pensar, sentir y hacer; establecidas arbitrariamente en la historia de la persona). En cierto sentido, hay esclavitud. Es como una marioneta controlada por los hilos de los pensamientos y por los hilos de las emociones. Simplemente: observémonos a nosotros mismos. Mindfulness implica ver el proceso, ser consciente de él; practicar mindfulness es generar un espacio entre los estímulos (externos e internos) y las respuestas (externas e internas), creando entre ambos un tiempo para responder más adecuadamente, más habilidosamente, aportando con ello cierta libertad. Mindfulness es cortar los hilos que controlan los movimientos de la marioneta. Implica hacer una brecha, un hueco, un espacio. Haciendo una comparación, nuestro modo de estar en la vida (nuestro estado ordinario) es como si tuviésemos conectado el “piloto automático”; como si no fuésemos conscientes de lo que nos ocurre realmente, como si estuviésemos dormidos, hipnotizados. No hay nadie observando; sólo el animal (“racional”) reaccionando.

Mindfulness genera autoconocimiento en torno a este proceso, produciendo habilidades y conductas para neutralizarlo y responder de un modo más efectivo. A través de la práctica de mindfulness se desarrolla la habilidad de permanecer presentes con una ecuanimidad inalterable ante toda experiencia o estimulación (tanto agradable como desagradable, de origen interno como externo), por lo que la mente deja de responder con avidez y aversión, permaneciendo inmóvil, atenta, calma y serena. Se trata de entrenarnos en diferenciarnos de nuestros pensamientos y emociones, de no dejarnos arrastrar por ellos, de dejar de reaccionar; se trata de permitirnos simplemente estar, simplemente ser.

¿Es posible un estado en el que la mente no esté reaccionando continuamente? ¿Puede la mente dejar de reaccionar? ¿Puede cesar la voz que habla sin parar? ¿Puede haber sólo silencio? ¿Es posible un estado mental caracterizado por la serenidad, la calma, la tranquilidad…, por la paz? ¿Puede la mente dejar de viajar al pasado y al futuro? ¿Puede la mente permanecer en el aquí y en el ahora? ¿Puede dejar de moverse? ¿Puede estarse quieta? ¿Puede permanecer inmóvil?

Si practicamos ahora mismo, durante un par de minutos, alguna de las técnicas mindfulness, nos percataremos de que nos resulta imposible mantener nuestra atención de manera continuada en el objeto de la meditación más allá de unos pocos segundos. La atención se desvía hacia, o es capturada por, pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones corporales, etc., rápida y constantemente. En general, la mayoría de los participantes determinados a seguir esta instrucción durante periodos de diez minutos, apenas mantuvieron la atención en el objeto de la meditación unos cuantos segundos de manera ininterrumpida. La mayoría de los participantes informan que su atención se desvía más de veinte, treinta, cuarenta veces, durante periodos de diez minutos, es decir, casi de forma continua. Hay diferentes tipos de estímulos o contenidos que capturaban la atención. El primero de ellos fue el pensamiento (incluyendo también a los recuerdos e ideas); después las emociones (incluyendo a los sentimientos); seguido de las “imágenes mentales” y; por último, por otros estímulos (como por ejemplo ruidos).

Mindfulness es una habilidad, por tanto, es susceptible de ser aprendida, entrenada. Podría decirse que al principio de la práctica, la atención pasa muy poco tiempo focalizada en el objeto de la meditación (P.E. la respiración) antes de ser capturada por algún estímulo; y, por el contrario, transcurre mucho tiempo hasta que nos percatamos de que nuestra atención se ha desviado. Con la práctica los tiempos se invierten. Es decir, cuanto más practiquemos, la atención permanecerá más y más tiempo concentrada sobre la respiración; y, simultáneamente, cada vez tardaremos menos en darnos cuenta de que la atención se había desviado. Con una práctica continuada nos resultará posible mantener la atención focalizada en la respiración de manera constante, durante más y más tiempo.
Esto, en sí mismo, ya es meditación; es un estado meditativo; se producen cambios, experiencias, comprensiones súbitas o insights, en ocasiones muy significativas, que son experimentadas por el meditador.

La práctica de mindfulness es observar sin juzgar ni juzgarnos. Dicho de otro modo, permanecer en un estado donde no se esté reaccionando continuamente, incluyendo especialmente, la elaboración de juicios valorativos, recriminatorios y condenatorios, normalmente hacia nosotros mismos y hacia nuestras experiencias. La meditación o mindfulness requiere de entrenamiento. Es como desarrollar un músculo. Un músculo que nunca, o casi nunca hemos utilizado, por lo que está raquítico o simplemente no se ha desarrollado. Es como el niño que aprende a caminar. Nunca utilizó los músculos de sus piernas. Al principio, durante algún tiempo, el niño mueve las piernas. Más tarde se arrastra. Luego, gatea a cuatro patas. Practica durante semanas, durante meses. Cuando los músculos se han desarrollado intenta erguirse, ponerse en pie, pero se cae constante y rápidamente. Él lo intenta sin cesar, una y otra vez, una y otra vez… Cuando logra al fin levantarse, permanece muy poco tiempo en posición bípeda antes de caer. Más tarde, consigue dar un pasito y se cae. Continúa practicando, una y otra vez, una y otra vez. Luego logra dar dos pasitos y medio antes de caerse. Luego tres. Con el tiempo, cinco. Hasta que logra recorrer algunos metros. Al principio se va apoyando en todo lo que encuentra a su paso. Con el tiempo consigue desplazarse con facilidad. Practicando desarrollará músculos fuertes en sus piernas y otras habilidades como el mantenimiento del equilibrio, la orientación, etc., y podrá caminar, incluso correr, saltar, bailar, etc. Entrenarse en mindfulness es como aprender a caminar, requiere de entrenamiento y práctica constante.

El sufrimiento es propio de la condición humana y esto es una experiencia compartida por todos los miembros de nuestra especie, a través de las diferentes culturas, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Así pues, el principal objetivo de la meditación mindfulness es contribuir al alivio de ese sufrimiento.

Por otra parte, las investigaciones en torno a la meditación llevadas a cabo en todo el mundo por científicos de varias ramas de la ciencia durante más de veinte años, aportan sólidas y diversas evidencias relativas a los efectos de la meditación sobre la salud de los seres humanos, si echamos un vistazo a los conocimientos neurobiológicos actuales, veremos que practicando habitualmente meditación, producimos cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cruciales de nuestro cerebro, modificaciones que, siguiendo más allá de la actividad concreta que los incitó, acaban modificando muchos de nuestros comportamientos y de nuestras formas de reacción y terminan reproduciéndose sobre nuestra experiencia vital y sobre nuestra relación con el medio.                                    



Efectos de la meditación sobre la salud:







La meditación produce mejorías en:



- tartamudeo
- insomnio
-eyaculación precoz y retardada 
-variabilidad tasa cardíaca 
- asma
- variables fisiológicas de la edad (proceso de envejecimiento)

La meditación aumenta:

- plasma prolactina
- hormona del crecimiento
- Riego sanguíneo cerebral
-Resistencia dérmica
- Riego sanguíneo antebrazo izq.
- temperatura distal

La meditación produce cambios en:
- Metabolismo

La meditación disminuye:
- inflamación
-dolor crónico
-Presión sanguínea/tasa cardíaca
-Isquemia miocardio
- cortisol basal y medial (hormona relacionada con el estrés)
-abuso de sustancias/adicciones
- consumo de alcohol
-miedo al hablar en público

La meditación favorece:
- cuidados paliativos
- convalecencia en cáncer

La meditación compensa:
- efecto del estrés sobre el sistema inmunológico



Resumiendo, la investigación científica ha comprobado cambios neurofisiológicos durante la práctica de la meditación. El consumo de oxígeno y la proporción metabólica de desgaste se reducen considerablemente, indicando un estado de descanso profundo. El ritmo respiratorio disminuye considerablemente, con lo que se revela mayor relajación del sistema nervioso. La resistencia cutánea aumenta, indicando un reposo profundo, reducción de la ansiedad y de los trastornos emocionales. Acelera el tiempo de reacción, señalando mayor estado de alerta, mejor coordinación de la mente y el cuerpo y mayor percepción. El ritmo cardíaco disminuye. Se estabiliza el sistema nervioso, cómo lo demuestran estudios de la respuesta galvánica de la piel, conservándose esta estabilidad aun después de meditar… en fin podaríamos llenar páginas enteras con gran cantidad de estudios y sus conclusiones acerca de los beneficios de ésta práctica, pero consideramos que con esta introducción el tema ha sido expuesto en toda su amplitud, ahora solo queda… practicar.   

Salud y gestión de las emociones en el ámbito laboral

Salud y gestión de las emociones en el ámbito laboral

La sensación de impotencia que acompaña a las presiones laborales es, en sí misma, insana. Las conocidas sensaciones negativas sobre las exigencias y presiones que nos impone el mundo laboral nos coloca en la inquietante situación de ser más proclives a padecer síntomas de enfermedades cardíacas como, por ejemplo, la hipertensión. Un día funesto en el trabajo no implica ningún problema, pero un conflicto constante con un superior es una circunstancia  sobradamente estresante como para acabar socavando la resistencia inmunológica de cualquiera.

En el laboratorio de investigación de enfermedades infecciosas de una conocida universidad barcelonesa,  se expuso a varios voluntarios a la acción de la gripe y se les impuso  un seguimiento de cinco días para investigar quiénes caerían finalmente enfermos. La investigación puso de manifiesto que aquéllos que estaban sometidos a algún tipo de presión social o laboral  eran también los más vulnerables a la acción del virus.
 
El autoconocimiento constituye una capacidad clave que desempeña un papel fundamental en el control del estrés porque, a falta de una atención cuidadosa, podemos permanecer completamente inconscientes de las situaciones estresantes de nuestra vida laboral. Es muy habitual el hecho de que aunque se mantenga la compostura en medio de las controversias cotidianas del trabajo, la presión subyacente predispone a alteraciones cardíacas como la hipertensión.


Solo el simple hecho de ser conscientes de los sentimientos que bullen en nuestro interior puede tener un efecto muy positivo sobre la salud. Cuanto mayor sea la precisión con que monitoricemos nuestras alteraciones emocionales, más rápidamente podremos recuperarnos de sus efectos perturbadores. La claridad emocional nos capacita para controlar nuestros estados de ánimo negativos. Sin embargo, la impasibilidad no significa necesariamente que hayamos conseguido encauzar adecuadamente nuestros sentimientos porque, aun cuando la persona pueda mantenerse aparentemente imperturbable, el hecho de que algo siga bullendo en su interior es el signo indudable de que todavía quedan cosas por hacer con el sentimiento conflictivo.

coaching para jóvenes

Coaching para jóvenes

Hoy en día los jóvenes eligen su futuro sin tan siquiera conocer su talento, propósito o motivación. El sistema educativo actual no fomenta el autoconocimiento, ni entrena competencias tales como la creatividad, la inteligencia emocional o el empoderamiento. El coaching esclarece dudas y alinea conocimiento, vocación y acción, garantizando así la energía necesaria para evitar cualquier obstáculo o dificultad. 

Hablar en público, estancamiento y bloqueo en los estudios, desmotivación, irregularidad o falta de concentración entre otros problemas, pueden solventarse mediante un proceso de coaching, pero también puede verse como una poderosa herramienta que ayude a los jóvenes a ser la mejor versión de sí mismos sin necesidad de abordar ningún problema en concreto, trabajando su marca personal y competencias antes de llegar a la vida adulta con todos los beneficios que ello conlleva.

Técnicas de gestión emocional dirigidas a empleados de grandes almacenes

Técnicas de gestión emocional dirigidas a empleados del sector servicios/ grandes almacenes obligados por su trabajo  a mostrar determinadas emociones.

En ciertos tipos de trabajo, se tiene que llevar a cabo un elevado "esfuerzo emocional" para poder efectuar adecuadamente la interacción con el cliente. La represión/ocultación  de todo sentimiento espontáneo tiene un coste físico y mental. La gente que sofoca sus sentimientos (especialmente cuando son muy negativos) eleva su ritmo cardíaco, un síntoma inequívoco de hipertensión. Y cuando esta represión emocional adquiere carácter crónico, puede llegar a bloquear el funcionamiento del pensamiento, alterar las funciones intelectuales y obstaculizar la interacción equilibrada con nuestros semejantes.

Cuando las necesidades de la empresa determinan las emociones que el empleado debe expresar, el resultado es una perturbación de los propios sentimientos. Los empleados de los grandes almacenes, las azafatas de vuelo y el personal de los hoteles, restaurantes e hipermercados, y en fin, prácticamente todos aquellos que desempeñen su trabajo de cara al público, se hallan entre los trabajadores más proclives a padecer este control de sus propias emociones.

Con nuestras técnicas de gestión emocional puedes aprender a manejar eficazmente tus estados emocionales problemáticos, lo que repercutirá de forma muy saludable sobre tu salud y sobre la interacción con otras personas de tu entorno.