domingo, 22 de septiembre de 2013

Salud y gestión de las emociones en el ámbito laboral

Salud y gestión de las emociones en el ámbito laboral

La sensación de impotencia que acompaña a las presiones laborales es, en sí misma, insana. Las conocidas sensaciones negativas sobre las exigencias y presiones que nos impone el mundo laboral nos coloca en la inquietante situación de ser más proclives a padecer síntomas de enfermedades cardíacas como, por ejemplo, la hipertensión. Un día funesto en el trabajo no implica ningún problema, pero un conflicto constante con un superior es una circunstancia  sobradamente estresante como para acabar socavando la resistencia inmunológica de cualquiera.

En el laboratorio de investigación de enfermedades infecciosas de una conocida universidad barcelonesa,  se expuso a varios voluntarios a la acción de la gripe y se les impuso  un seguimiento de cinco días para investigar quiénes caerían finalmente enfermos. La investigación puso de manifiesto que aquéllos que estaban sometidos a algún tipo de presión social o laboral  eran también los más vulnerables a la acción del virus.
 
El autoconocimiento constituye una capacidad clave que desempeña un papel fundamental en el control del estrés porque, a falta de una atención cuidadosa, podemos permanecer completamente inconscientes de las situaciones estresantes de nuestra vida laboral. Es muy habitual el hecho de que aunque se mantenga la compostura en medio de las controversias cotidianas del trabajo, la presión subyacente predispone a alteraciones cardíacas como la hipertensión.


Solo el simple hecho de ser conscientes de los sentimientos que bullen en nuestro interior puede tener un efecto muy positivo sobre la salud. Cuanto mayor sea la precisión con que monitoricemos nuestras alteraciones emocionales, más rápidamente podremos recuperarnos de sus efectos perturbadores. La claridad emocional nos capacita para controlar nuestros estados de ánimo negativos. Sin embargo, la impasibilidad no significa necesariamente que hayamos conseguido encauzar adecuadamente nuestros sentimientos porque, aun cuando la persona pueda mantenerse aparentemente imperturbable, el hecho de que algo siga bullendo en su interior es el signo indudable de que todavía quedan cosas por hacer con el sentimiento conflictivo.

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